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El Arizal: el árbol donde crecen flores e historias

Han pasado seis años desde que Loreta Pandereta comenzó a narrar historias a través de sus piezas. Seis años de inspiración, de colores que florecen entre manos pacientes, y de un legado que nació en los jardines de Hilda, nuestra abuela fundadora.

Fue en la provincia de Vélez, Santander, donde todo comenzó. En esta región, las mujeres aprendían el arte de tejer no solo como oficio, sino como una forma de vida; un método de supervivencia que les permitía criar a sus hijos mientras creaban belleza con sus manos. De esas raíces nació nuestro propósito: preservar la tradición y transformarla en arte.

Un viaje por nuestras raíces

El Arizal es una colección profundamente personal. Cada diseño está inspirado en el recorrido que la familia Ariza ha hecho a lo largo de tres generaciones, un trayecto que entrelaza amor, trabajo y sueños.

 

El viaje inicia en la región de Vélez, cuna del bocadillo, la guabina, la iglesia que se rebeló y decidió estar torcida al parque; continúa por Sucre, Santander, el municipio donde nacieron dos de las abuelitas fundadoras; y avanza hasta La Belleza, el pueblo que vio crecer a mis padres, a mis tíos, a mis primos y a mí, Lore. Ese lugar es la cuna de toda nuestra historia, donde floreció la esencia de lo que hoy somos, sus extensos paisajes son dignos de admirar, y en sus vastas veredas fue descubierta una orquídea que se creía extinta, la Pleurothallis Velosana.

 

Con el paso del tiempo, la familia decidió buscar nuevas oportunidades y se estableció en Floridablanca, la capital dulce de Santander. Allí fundamos nuestro taller: el espacio donde cada idea cobra vida, donde nacen las obras de arte que hoy llevan el sello de Loreta Pandereta. Y finalmente, llegamos a Bogotá, la capital que nos abrió las puertas y nos permitió soñar en grande, expandirnos y compartir nuestro arte con el mundo.

Los colores de nuestra historia

Los tonos de El Arizal son un mapa emocional. Los colores tierra evocan las montañas y caminos de los pueblos que marcaron nuestro recorrido; mientras que los verdes y rojizos reflejan los paisajes vivos, las montañas frutales y los atardeceres que acompañaron cada etapa de nuestra historia familiar.

Un homenaje a la familia Ariza

El nombre El Arizal es un tributo a nuestras raíces, a una familia que ha hecho de la unión y la creatividad su mayor legado. Cada miembro ha aportado su granito de arena para que esta marca florezca: desde reuniones familiares en las que todos ayudaban a darle forma a las flores, hasta celebraciones de cumpleaños que terminaban con platos llenos de mostacillas, separadas con paciencia y cariño.

Esta colección es un homenaje a Los Ariza y a las tierras que los vieron crecer. Una oda a la tradición, al trabajo hecho con amor, y a las manos que convirtieron un recuerdo en una joya. 

Esperamos que amen esta colección tanto como nosotros amamos crearla.

 

Con cariño,

Lore.

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